DIARIOS. JOHN CHEEVER

Cheever fue un maestro del relato corto, fue un cuentista imprescindible en el siglo XX. De hecho, aún hoy, se puede rastrear la influencia que ejerció incluso en algún capítulo de Los Simpsons, que “copian” el argumento de uno de sus más conocidos relatos. En su discípulo Raymond Carver, también hay ecos cheeverianos.

Debemos leer sus cuentos, claro, pero este libro sobre el que tengo que reflexionar es una obra maestra, tóxica obra maestra. En estas páginas habitan la mezquindad del autor, su tenso matrimonio, el sobrecogedor alcoholismo, una mirada gris sobre sí mismo, sobre la condición humana, unos vaivenes emocionales dignos de la bipolaridad más absoluta, la envidia que siente del talento y del éxito de otros autores, así como su admiración más sincera, sus escarceos homosexuales a escondidas, sus amor incondicional por sus hijos, etc.

Leer este libro supone una tensión emocional porque a pesar de algunas exageraciones, es evidente que a veces, acierta de lleno en su análisis social, en la sinceridad de sus reflexiones sobre el amor, el sexo, la literatura, su obra, el alcohol, etc.

Esa felicidad material del país en el que reside que puede dejar en sus habitantes, una pátina de infelicidad, que tan bien han retratado tanto el cine como la literatura.

Si son ustedes cheeverianos, lean el libro. Si son psicólogos, psiquiatras o estudiosos de la literatura norteamericana, también. Si quieren disfrutar de su felicidad actual, mejor no lean a este tipo que, sin saberlo, está escribiendo su mejor libro.

La edición que publica Random House y cuya edición está a cargo de Robert Gottlieb y de cuyas notas se encarga Rodrigo Fresán es una selección de unos diarios que abarcan varias décadas.

Un consejo: si están ustedes bájos de ánimo, no lean el libro. Si son sumamente felices, tampoco.

Ahora que están tan de moda los libros en los que los autores nos cuentan sus secretos ( o eso simulan) los diarios de Cheever son una ciénaga en la que una vez dentro resulta difícil salir y, si alcanzas la orilla, tu mirada saldrá fortalecida tanto por la calidad literaria de muchos de sus fragmentos como por la mezquindad y la ruindad de otros pasajes.

“Estoy cansado, pero ya pasará. Amo el cuerpo de mi esposa y la inocencia de mis hijos. Nada más”.

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A C L E I
 
blog/2018/07/08.txt · Última modificación: 15:59 09/07/2018 por andy
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