LA VIDA BREVE. JUAN CARLOS ONETTI

Hay escritores que son indigestos cuando uno es joven. No por su falta de calidad, sino porque nos enseñan que los caminos de la vida pueden ser en ocasiones, una senda que te lleva al camino del laberinto que, precisamente, no tiene salida.A los jóvenes, el fracaso, como tema, les resulta indigesto, desagradable, como nos parecía a nosotros la verdura cuando éramos niños.Por eso no recomendaría leer a Onetti a los jóvenes, demasiado ebrios de vida y de energía como para disfrutar adentrándose en el laberinto Onettiano del fracaso, de la decepción, de la abulia, de la melancolía, del derrumbe.

Caminar por la literatura de Onetti es como hacerlo entre ruinas. Algunos imaginarán la belleza de lo perdido; otros, sin embargo, verán sólo “cuatro piedras caídas en el suelo”. Lo más probable es que se pueda dividir el mundo entre dos tipos de personas: las que sólo ven piedras en las ruinas o las que son capaces de sentir su belleza, su gloria pasada, las que sientan y son capaces de escuchar, cerrando los ojos, los pasos de los antiguos moradores, de las fiestas, de las conversaciones o de las intrigas palaciegas, de los delirios de grandeza, de las traiciones.Sólo este tipo de personas, las que se sientan entre las ruinas para dibujar en el cuaderno de viaje, tranquilos y sosegados, la belleza derruida, serán capaces de amar la literatura aparentemente simple, pero en realidad arriesgada, que crea el escritor de Montevideo.

Onetti es un escritor inmenso, sí, lo afirmo, lo compruebo, lo constato cuando vuelvo a sus novelas, a sus cuentos. Se ha convertido para mí, en un valor seguro, en un puerto al que volver.

¿Por qué?.Porque se preocupa poco por las tramas. Las presenta, a veces se pierde por sus vericuetos, pero los posibles “defectos” que pueden tener sus libros son, precisamente, parte de su innegable atractivo. Hay páginas que son dignas de subrayar.Sólo un escritor con talento es capaz de mantener el interés en vidas vulgares cuyos planes se derrumban, en vidas comunes cuyos sueños se resquebrajan en unos minutos y en torno a los cuales, los persojanes tejen con los hilos de la memoria y de la nostalgia, un lento blues, un largo lamento, de esas epifanías gloriosas o de esos momentos abyectos y miserables, sobre los cuales, los personajes vuelven, una y otra vez, para sobrevivir o para morir lentamente.

Creo que lo bueno de Onetti es que no pretende lanzarle al lector ningún mensaje con moralina. Simplemente describe y de dicha descripción, sólo salen efluvios de derrota, de caída, de un aprendizaje forjado por el carácter que conceden los reveses, que dejan huella en el cuerpo, en la piel y en el alma.

Hay que ser muy buen escritor y hay que estar un poco loco para no darle al lector adocenado por el happy end que el cine nos suele regalar, ni un momento de respiro, sólo el recuerdo de la felicidad ya pasada, caduca, que ilumina como una bengala la noche oscura del alma pero que, como la bengala, es efímera, y vuelve a sumir, una vez apagada, al personaje en una oscuridad tan profunda,tan inmensa, que sólo es posible ver en la nada, como un buen depredador literario y nocturno.

Una vez leí un artículo de Muñoz Molina donde describía la visita que le hizo en su piso de la Avenida de América al maestro, y éste le recibió tumbado, en pijama, convertido tal vez en uno de sus personajes, pero de carne y hueso. Supongo que para Muñoz Molina, debe de ser un recuerdo impagable, inolvidable,unico. No me extraña.

América Latina ha dado un siglo XX en literatura tan excelso, tan bueno, que me parece una atrocidad que, por aquello de las reformas y contrarreformas educativas, nuestros alumnos en España se queden sin saber quiénes fueron o qué escribieron los escritores del pre-boom o que nadie les explique en clase, con entusiasmo, qué hicieron todos ellos. Diariamente me pregunto quién diseña los planes de estudio y qué hay en sus almas y en sus cabezas.

Si tienen ánimo y tienen más de cuarente, quizás deberían leer La vida breve y disfrutarlo.Es un blues, es un jazz melancólico, es un bolero, es Juan Carlos Onetti.Es el motivo por el cual me gustaría que existiera un lugar llamado Santa María.

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V T B M O
 
blog/2019/05/03.txt · Última modificación: 18:13 03/05/2019 por david
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