MIGUEL ÁNGEL.UNA VIDA INQUIETA (biografía). ANTONIO FORCELLINO

Tengo este libro en su versión de la editorial Alianza de bolsillo (traducción de Pepa Linares) y por sólo unos pocos euros, he podido disfrutar del aprendizaje, el talento, la tensión creativa, la ambición, la avaricia, de ese auténtico coloso que fue Miguel Ángel.

En la portada aparece con la nariz de boxeador que se le quedó cuando un artista rival que se peleó con él en la juventud le dejó el tabique torcido a un genio irredento, trabajador, ambicioso y pendenciero al que no le venía mal ese tabique partido para ejercer sobre el mundo del arte un liderazgo al que sólo Rafael pudo hacer sombra y, no mucha, sólo durante un tiempo por la muerte del divino Rafael.Con esa nariz torcida se convirtio en el capo del arte de una época con muchos gallos en el gallinero.

El Renacimiento ha ejercido, a través de Grecia y Roma, un influjo y un embrujo que sólo en contadas ocasiones se ha repetido. Tenían un talento inmenso y supieron llevar su nombre y su firma más allá de sus vidas, a la inmortalidad o, en su versión moderna, a la Wikipedia.

Miguel Ángel nació en una familia en decadencia que se vio obligada a poner a trabajar al chico en el taller de un artista. Pero el aprendiz de artesano, a una temprana edad, siendo adolescente, demostró que era mejor que su maestro. Todo lo hizo y lo hizo bien.

Le llegó pronto el éxito y su ambición se movió entre las dos capitales artísticas y culturales del momento. Entre una Florencia que vivía bajo el control de los Médici, pero también convulsa con Savonarola de por medio y los rivales de los Médici que no se resignaban a vivir bajo el régimen de una familia.Amistades, traiciones, ambición, muertes, revueltas.

Miguel Ángel encontró en Roma a unos clientes difíciles pero regulares en una sucesión de Papas, cada uno con su peculiar personalidad, con sus virtudes y con sus defectos que encontraron en el talento de Buonarroti la mejor campaña de publicidad para la posteridad de su legado a través del cincel o del pincel del florentino al que le llegaban encargos que, a veces, no podía asumir, embarcado como estaba en la elaboración de esculturas para las tumbas de , por ejemplo, Julio II, o pintando durante años, la capilla sixtina.

La biografía se lee bien, está bien escrita porque no explica sin cansar, tanto de las técnicas escultóricas, pictóricas y políticas de una Europa que quería repartirse Italia y una serie de papados que luchaban para no perder importancia ni religiosa ni política.

No se le olvida citar al autor las mentiras que Miguel Ángel iba difundiendo para aumentar su leyenda, siendo consciente de que lo que de él si dijera podía asentar su figura para la eternidad. Son constantes sus tensiones con otros artistas, su desmedida ambición para acaparar proyectos que le dieran renombre a él y , sobre todo, dinero. Los clientes vieron pronto que el talento de Miguel Ángel era único y eso había que pagarlo y pagarlo muy bien. En varias ocasiones, se volvieron a renegociar algunos contratos de los cuales, Miguel Ángel, siempre terminaba sacando provecho para poder darle a su familia las posesiones y la posición social que habían perdido antes de su nacimiento.

Se nos narra también que Miguel Ángel era capazar de llevar una vida frugal, casi digna de un estilita, comiendo poco, descansando menos, trabajando mucho, tanto que, por temporadas, sus familiares y colaboradores pensaron que le podía llevar a la tumba. Miguel Ángel era un hombre que quería controlar la calidad de los mármoles con los que trabajaba y que, por temporadas, se pasaba meses en las canteras, asegurándose de que los mejores bloques serían para él y para su trabajo.

Sobre los afectos sentimentales de Miguel Ángel, sólo se habla de alguno escarcero homoerótico que tuvo con algún contemporáneo, y de cuyo testimonio se guardan dibujos, y alguna carta en la que se deja ver que, incluso, llegó a estar enamorado.

El mar humor de Miguel Ángel, la “terribilitá” ha pasado a la historia, como su gusto por el dinero, por su avaricia, por sus mentiras y por tener el afán de que su imagen permaneciera por encima de la de sus contemporáneos. Pero eso, no lo olvidemos, tratándose de un genio son pecados sin importancia porque sólo el que ha estado delante de la Piedad, sabe que esas cosas, se perdonan ante tan magna perfección.

Miguel Ángel era un genio sí, y la prueba fehaciente de que los genios no tienen que ser ( aunque nos gustaría) también buenas personas. Quién sabe si con otras virtudes Miguel Ángel hubiera sido tan bueno en su arte.

Su férrea voluntad de perfección, su talento inmortalizado y esculpido en piedra le convierten en inolvidable, en eterno. Hoy le disfrutamos en las ciudades italianas, en los museos. Con este libro, le conoceremos un poco mejor.

Discusión

Escribe el comentario:
Si no puede leer toda las letras de la imagen, descargue el archivo wav que lo leerá por ti.
 
blog/2019/05/05.txt · Última modificación: 11:40 05/05/2019 por david
Recent changes RSS feed Creative Commons License Donate Minima Template by Wikidesign Driven by DokuWiki